Érika se acercó al cuerpo inerte del señor Alfred Jones. Un cuchillo de cocina atravesaba su pecho. Observó que su pelo había sido ligeramente peinado hacia atrás, detalle muy extraño para Érika, debido a que una persona la cuál no se encuentra bien y que se lleva reposando en la cama no sé preocupa de retocarse el cabello.
- ¿Ha tocado alguien el cuerpo? - Preguntó Érika
- No - Respondió Jack Jones
- Señor Jones, no hay línea telefónica - Informó uno de los mayordomos
- ¿Cómo? - Respondió sobresaltado el Señor Jones
- Tampoco hay coches para volver a la ciudad
Érika se acercó a los invitados y miró uno por uno.
- Debido a eso el asesino se debe encontrar aún entre nosotros, así que ordeno que nadie salga de este lugar - Nuevamente miró de uno a otro a todos las personas que se encontraban en la estancia - Si no le importa señor Jones empezaré los interrogatorios en el salón principal y me gustaría empezar por las personas que trabajan para usted.
- Por su puesto, está usted en su casa
Salón principal, 23:09 (interrogarotios)
- ¿Su nombre?
- Julia Rumsfeld
- ¿Desde cuando trabaja aquí?
- Desde hace un año y medio aproximadamente
- ¿Qué clase de relación tenía con la víctima?
- La única que puede tener una sirvienta con su jefe.
- Entiendo
- ¿Fue usted la persona quién vio por última vez al señor Alfred?
- Sí, me había llamado para que a las diez y media le subiese la cena
- Y hay fue cuando la chica del cabello negro le subió la cena ¿verdad?
- Si
- Noto algo las últimas semanas.
- No, todo era normal. ¿Sabe? Lo normal en esta casa es lo inusual
Érika miro de una forma rara a la mujer. "Puede retirarse y diga que pase a la siguiente" La chica de los ojos verdes apareció ante ella llorando a mares.
- ¿Su nombre?
- Sophia Schulzer
- ¿Apellido alemán?
- Mi padre era alemán
- ¿Desde cuando trabaja aquí?
- Desde hace tres meses
- ¿Qué clase de relación mantenía con la víctima?
- Amigos
- Señorita, debo informarle que si algo no soporto son a las mentirosas
- De verdad no le he mentido en ningún momento, somos buenos amigos.
- De acuerdo. Fue usted la persona que encontró al señor Jones muerto. No me equivocó ¿verdad?
- No. Fui a llevarle la cena a su dormitorio, pero cuando lo vi así las bandejas se me cayeron y grité como usted pudo comprobar
- ¿Vio algo fuera de lo común estas últimas semanas?
- No - Paro unos segundos - O puede que sí. Recuerdo estar limpiando el polvo de las lámparas cuando escuché una pequeña discusión.
- ¿Puede reconocer quienes eran?
- Era el señor Alfred y la otra persona no pude reconocerla
- ¿Podría decirme si era mujer o hombre?
- No pude escuchar bien a la otra persona, hablaba muy bajo.
- Gracias puede retirarse
Seguidamente uno de sus mayordomos entró en la casa y tomó asiento.
- ¿Cuál es su nombre?
- Oscar Schulzer
- ¿Hermano de Sophia?
- Hermanastro
- ¿Desde hace cuanto tiempo trabaja para estos hermanos?
- Empecé a trabajar hace un mes. Sophia me recomendó a los señores y estos aceptaron mis servicios.
- ¿De qué trabaja exactamente aquí?
- Soy chófer del señor Jack Jones, pero también ejerzo de mayordomo cuando los señores hacen una fiesta o invitan a algunas personas.
- ¿Vio algo raro estos últimos días?
- Recuerdo que cuando llegué hace dos días a recoger al señor Jack, Alfred le estaba gritando a alguien.
- ¿Puede decirme si era hombre o mujer?
- La verdad es que no escuché la voz de la otra persona, pero puedo asegurarle que no era un hombre. Se trataba de una dama.
- Un hombre no dejaría que otro hombre le gritase ¿Verdad?
- Exactamente
- Ya se puede retirar, gracias por su colaboración
El mayordomo se retiró. "Ya puede pasar el primer invitado". Una dama de unos cincuenta años apareció con un gran vestido azul oscuro, adornado con unas pocas piedras brillantes sobre las mangas.
- ¿Su nombre?
- Margarita Roses
- ¿Qué relación tenía con la víctima?
- Conocí a los hermanos Jones cuando viaje a las montañas, así que puedo decir que somos amigos.
- Sabe - Respiró - Hay algo en usted que me dice que miente
- Pues no sé en que podría mentirle yo a usted
- Eso mismo me preguntó yo - Contestó - Bueno, ¿Y porque fue invitada usted aquí?
- Supongo que por lo mismo que a todos.
- ¿Desde cuándo no veía a la víctima?
- Un mes o dos atrás
- ¿Puedo preguntar para que se vieron?
- Para cerrar un acuerdo
- ¿Qué acuerdo?
- La señora Roses nunca habla de sus negocios
Érika Tabone la fulminó con la mirada y la señora Roses le sonrió maliciosamente. "Puede retirarse"
Un joven y apuesto se asomó por la puerta. Portaba una sonrisa preciosa que dejó anonadada a la señorita Tabone.
- Creo que no hace falta presentaciones - Comentó sonriendo
- Oh, no.
- ¿Crees que soy el asesino? - Preguntó
- Ahora mismo para mi todos tenéis el posible papel de asesino, Arthur - Contesté
- Entiendo
- Tengo que hacerte estas preguntas ¿vale?
Asintió
- ¿Desde cuándo conoces a la víctima?
- Lo conozco desde hace dos años o cosa así. Nos vimos por primera vez en la playa de la Gran Roca
- ¿Cuál fue la última vez que lo vio?
- Hace cinco meses, iba con una chica agarrada del brazo. Supuse que era su novia.
- Pero por lo que sé el señor Alfred no está casado, ni mantiene ninguna relación
- Pues quizás todo acabase
- ¿Esa chica se encuentra entre los invitados?
- No, pero tampoco es que la recuerde muy bien. No era una de esas damas que sueles recordar por su belleza, aunque creo que era algo descortés.
- Gracias por la información, ya puedes retirarte
A continuación una señora con unos bonitos ojos azules y un elegante moño accedió a la habitación.
- ¿Su nombre es...?
- Dolores Lemacks
- ¿Desde cuando conocía al señor Alfred?
- Lo conozco desde que era una niña.
- ¿Se puede decir que tenías una fuerte relación con él?
- Vieja amistad
- ¿Dónde se encontraba entre las nueve y las diez menos diez de la noche?
- ¿Por qué me pregunta a mi eso? A los demás no se lo ha preguntado
- Le ha preguntado a los interrogados
- No
- No lo había preguntado era una afirmación - Contestó tajante Érika - Ahora me quiere responder a la pregunta
- Estaba duchándome, se lo puede confirmar Marie una de las invitadas. Ya que me llamó la atención por cantar cuándo ella estaba durmiendo.
- Espero que así sea, puede retirarse
El siguiente al entrar fue un señor con sombrero y bigote que le hacía recordar a su tío. Deseó que ese no fuese el asesino por un instante.
- Me llamo Gael Wells
- Me ha ahorrado una pregunta - Sonrió Erika
- No hay de qué
- ¿De qué conocía al señor Jones?
- Invertí algo de dinero en la construcción de una de sus fábricas.
- Negocios
- Si
- ¿Dónde se encontraba entre las nueve y las diez menos diez de la noche?
- Pues yo llegué a esa hora debido a que mi chófer se había retrasado, así que pasé corriendo al dormitorio asignado, me vestí y al ver que se me había olvidado el perfume en mi hogar le pedí prestado al chico de la habitación de al lado. Creo que se llama Arthur, él puede corroborarlo.
- Muchas gracias por su información, puede retirarse
El señor Wells se quitó el sombrero en forma de despedida y a continuación se marchó. Prosiguió una chica de cabello color dorado, adornado con una bonita flor en la cabeza.
Érika Tabone
" Señor Anderson no tiene ni idea de lo que para mi significa un asesinato. No me lo tomo para nada como un juego como usted haz de creer. Para mi es el deber de rescribir la última página de un libro, página la cual ha sido arrancada."
lunes, 15 de julio de 2013
domingo, 14 de julio de 2013
Capítulo 1: El asesinato de los hermanos Jones (1º Parte)
La brisa de principios de septiembre alborotaba su cabello rizado que caía desordenado por sus hombros, mientras inspiraba por última vez el humo de su cigarrillo.
- Señorita, el coche ya ha llegado - Le informó Bella
Se acomodó el cuello de su gabardina y elegante, como siempre, bajo las escaleras hasta llegar al portal.
- Buenos días, señorita Tabone - Le saludó el chófer
Ella esbozó una pequeña sonrisa y se dejó caer cómodamente en el asiento trasero del vehículo. Disfrutó del paisaje en silencio como lo solía hacer habitualmente, hasta que las palabras de Alberto la extrajeron de vuelta a la realidad "Ya hemos llegado"
Se bajo del coche lentamente como si su cuerpo pesara y una vez fuera miró hacia el asiento de al lado, una costumbre obtenida años atrás, pero esta vez en aquel asiento no había nadie.
Caminaron hasta la puerta de la gran mansión. "Jones" podía leerse en un gran cartel, era el apellido de la gran familia que habitaba en él o al menos eso era lo que ella tenía entendido.
- ¿Érika Tabone? - Alguien preguntó de algún lugar
Se giró en sí y miró a su alrededor. Un chico se situaba enfrente de ella.
- Buenas tardes - Saludó educada
- Eres Érika Tabone - Dijo el individuo
- Pues si. ¿Ahora me deja avanzar?
- No se acuerda de mi, ¿verdad?
- Pues lamento que no
- Soy Arthur, jugábamos de pequeños en el lago
- Ah, claro, ya lo recuerdo. Cuando vivía en Italia.
- Exactamente - Dijo el chico con una gran sonrisa al ver que su acompañante lo recordaba
- Bueno, me gustaría seguir charlando, pero tengo que acomodarme en mi habitación
- Oh, claro, adelante
Tras aquel encuentro Érika siguió hasta entrar al fin en la gran mansión.
- Ya he dejado las maletas en el dormitorio
- Gracias, Alberto. Si quieres en estos días que me hospedaré en este lugar puede tomárselo como vacaciones. Seguro que su familia tiene gana de verlo - Dijo con una sonrisa
- Muchas gracias, señorita. Que disfrute aquí
Ambos se despidieron.
Érika observó aquel lugar, todo lleno de grandes asientos tapizados de color verde a juego con los bordes de las cortinas de tono beige que arrastraban todas las grandes ventanas que rodeaban aquel lugar.
- Bienvenida señorita Tabone - Le saludó una de las sirvientas
Era una chica joven, quizás de su misma edad, no más de veinticinco años. Alta, pero algo más baja que ella; su cabello color azabache resaltaba su piel pálida y mostraba unos bonitos ojos verdes. Pero nada de aquello era lo que a Érika Tabone le había llamado su atención, para nada, lo que realmente había captado su interés eran unas considerables marcas en su brazo derecho. Iba a hacer la pregunta cuando se vio interrumpida por aquella chica.
- Su habitación está en la segunda planta a la derecha, justo la habitación de esquina
- Gracias por la información, creo que iré a descansar un rato.
- Recuerde que la cena es a las diez
- Estaré puntual
Subió las anchas escaleras hasta llegar a la habitación designada. Allí se recostó sobre la cama un rato.
Abrió los ojos lentamente y miró la hora en el reloj de la mesilla hallada a su izquierda, las nueve y diez marcaba. Abrió su maleta y observó la ropa que había en él. Tras unos minutos se decantó por un bonito vestido de color coral adornado con un bonito collar de perlas y su particular lazo en el cabello. Una vez vestida volvió a mirar a su reloj, algo temprano aún. Espero unos minutos sentada, pero viendo que su aburrimiento aumentaba, decidió aparecer en escena.
Bajó las escaleras hasta llegar al salón principal. Pensó que aún no se encontraría a nadie allí, pero falló. Un par de personas se hallaban en aquel salón. Todo era silencioso, tan solo se escuchaban a los camareros ofrecer champan.
- ¿Algo de champan?
- No gracias
Poco tiempo después llegaron más personas y luego llegó Arthur.
- Estas preciosa
- Muchas gracias, usted tampoco está mal
- Estando en mi habitación me he preguntado que ha sido del gran detective de su tío.
Ella agachó la cabeza y en susurro le contestó "Falleció hace unas semanas atrás"
- Lo siento, yo no sabía...
Antes de acabar la frase se vio interrumpida por unos de los dueños de la mansión.
- Bienvenidos a mi inmensa casa, os agradezco el haber venido hasta aquí. Espero que disfrutéis. Ha petición de mi hermano podemos empezar a cenar, él no se encuentra bien así que se quedara reposando en su dormitorio y al igual que yo espera que disfrutéis de su estancia aquí.
Después de esas palabras todos empezaron a susurrar entre ellos, Érika miró a Arthur. Él le hizo un gesto para que se sentaran en la mesa. En la sala contaba un total de diez invitado, no era mucho para los que ella esperaba. Todos empezaron la cena. Érika observaba a su compañero de mesa intentando no reír.
- ¡Arthur dejá de ponerle caras a la comida! - Dijo intentando no echarse a reír.
- No es de mi agrado - Respondió esté
Inesperadamente la sala se quedó en silencio un grito había irrumpido en la sala.
Todos se levantaron de la mesa y corrieron hasta la habitación del señor Alfred. Érika al verlo ahogo un chillido hacia sus adentros.
- Señorita, el coche ya ha llegado - Le informó Bella
Se acomodó el cuello de su gabardina y elegante, como siempre, bajo las escaleras hasta llegar al portal.
- Buenos días, señorita Tabone - Le saludó el chófer
Ella esbozó una pequeña sonrisa y se dejó caer cómodamente en el asiento trasero del vehículo. Disfrutó del paisaje en silencio como lo solía hacer habitualmente, hasta que las palabras de Alberto la extrajeron de vuelta a la realidad "Ya hemos llegado"
Se bajo del coche lentamente como si su cuerpo pesara y una vez fuera miró hacia el asiento de al lado, una costumbre obtenida años atrás, pero esta vez en aquel asiento no había nadie.
Caminaron hasta la puerta de la gran mansión. "Jones" podía leerse en un gran cartel, era el apellido de la gran familia que habitaba en él o al menos eso era lo que ella tenía entendido.
- ¿Érika Tabone? - Alguien preguntó de algún lugar
Se giró en sí y miró a su alrededor. Un chico se situaba enfrente de ella.
- Buenas tardes - Saludó educada
- Eres Érika Tabone - Dijo el individuo
- Pues si. ¿Ahora me deja avanzar?
- No se acuerda de mi, ¿verdad?
- Pues lamento que no
- Soy Arthur, jugábamos de pequeños en el lago
- Ah, claro, ya lo recuerdo. Cuando vivía en Italia.
- Exactamente - Dijo el chico con una gran sonrisa al ver que su acompañante lo recordaba
- Bueno, me gustaría seguir charlando, pero tengo que acomodarme en mi habitación
- Oh, claro, adelante
Tras aquel encuentro Érika siguió hasta entrar al fin en la gran mansión.
- Ya he dejado las maletas en el dormitorio
- Gracias, Alberto. Si quieres en estos días que me hospedaré en este lugar puede tomárselo como vacaciones. Seguro que su familia tiene gana de verlo - Dijo con una sonrisa
- Muchas gracias, señorita. Que disfrute aquí
Ambos se despidieron.
Érika observó aquel lugar, todo lleno de grandes asientos tapizados de color verde a juego con los bordes de las cortinas de tono beige que arrastraban todas las grandes ventanas que rodeaban aquel lugar.
- Bienvenida señorita Tabone - Le saludó una de las sirvientas
Era una chica joven, quizás de su misma edad, no más de veinticinco años. Alta, pero algo más baja que ella; su cabello color azabache resaltaba su piel pálida y mostraba unos bonitos ojos verdes. Pero nada de aquello era lo que a Érika Tabone le había llamado su atención, para nada, lo que realmente había captado su interés eran unas considerables marcas en su brazo derecho. Iba a hacer la pregunta cuando se vio interrumpida por aquella chica.
- Su habitación está en la segunda planta a la derecha, justo la habitación de esquina
- Gracias por la información, creo que iré a descansar un rato.
- Recuerde que la cena es a las diez
- Estaré puntual
Subió las anchas escaleras hasta llegar a la habitación designada. Allí se recostó sobre la cama un rato.
Abrió los ojos lentamente y miró la hora en el reloj de la mesilla hallada a su izquierda, las nueve y diez marcaba. Abrió su maleta y observó la ropa que había en él. Tras unos minutos se decantó por un bonito vestido de color coral adornado con un bonito collar de perlas y su particular lazo en el cabello. Una vez vestida volvió a mirar a su reloj, algo temprano aún. Espero unos minutos sentada, pero viendo que su aburrimiento aumentaba, decidió aparecer en escena.
Bajó las escaleras hasta llegar al salón principal. Pensó que aún no se encontraría a nadie allí, pero falló. Un par de personas se hallaban en aquel salón. Todo era silencioso, tan solo se escuchaban a los camareros ofrecer champan.
- ¿Algo de champan?
- No gracias
Poco tiempo después llegaron más personas y luego llegó Arthur.
- Estas preciosa
- Muchas gracias, usted tampoco está mal
- Estando en mi habitación me he preguntado que ha sido del gran detective de su tío.
Ella agachó la cabeza y en susurro le contestó "Falleció hace unas semanas atrás"
- Lo siento, yo no sabía...
Antes de acabar la frase se vio interrumpida por unos de los dueños de la mansión.
- Bienvenidos a mi inmensa casa, os agradezco el haber venido hasta aquí. Espero que disfrutéis. Ha petición de mi hermano podemos empezar a cenar, él no se encuentra bien así que se quedara reposando en su dormitorio y al igual que yo espera que disfrutéis de su estancia aquí.
Después de esas palabras todos empezaron a susurrar entre ellos, Érika miró a Arthur. Él le hizo un gesto para que se sentaran en la mesa. En la sala contaba un total de diez invitado, no era mucho para los que ella esperaba. Todos empezaron la cena. Érika observaba a su compañero de mesa intentando no reír.
- ¡Arthur dejá de ponerle caras a la comida! - Dijo intentando no echarse a reír.
- No es de mi agrado - Respondió esté
Inesperadamente la sala se quedó en silencio un grito había irrumpido en la sala.
Todos se levantaron de la mesa y corrieron hasta la habitación del señor Alfred. Érika al verlo ahogo un chillido hacia sus adentros.
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