La brisa de principios de septiembre alborotaba su cabello rizado que caía desordenado por sus hombros, mientras inspiraba por última vez el humo de su cigarrillo.
- Señorita, el coche ya ha llegado - Le informó Bella
Se acomodó el cuello de su gabardina y elegante, como siempre, bajo las escaleras hasta llegar al portal.
- Buenos días, señorita Tabone - Le saludó el chófer
Ella esbozó una pequeña sonrisa y se dejó caer cómodamente en el asiento trasero del vehículo. Disfrutó del paisaje en silencio como lo solía hacer habitualmente, hasta que las palabras de Alberto la extrajeron de vuelta a la realidad "Ya hemos llegado"
Se bajo del coche lentamente como si su cuerpo pesara y una vez fuera miró hacia el asiento de al lado, una costumbre obtenida años atrás, pero esta vez en aquel asiento no había nadie.
Caminaron hasta la puerta de la gran mansión. "Jones" podía leerse en un gran cartel, era el apellido de la gran familia que habitaba en él o al menos eso era lo que ella tenía entendido.
- ¿Érika Tabone? - Alguien preguntó de algún lugar
Se giró en sí y miró a su alrededor. Un chico se situaba enfrente de ella.
- Buenas tardes - Saludó educada
- Eres Érika Tabone - Dijo el individuo
- Pues si. ¿Ahora me deja avanzar?
- No se acuerda de mi, ¿verdad?
- Pues lamento que no
- Soy Arthur, jugábamos de pequeños en el lago
- Ah, claro, ya lo recuerdo. Cuando vivía en Italia.
- Exactamente - Dijo el chico con una gran sonrisa al ver que su acompañante lo recordaba
- Bueno, me gustaría seguir charlando, pero tengo que acomodarme en mi habitación
- Oh, claro, adelante
Tras aquel encuentro Érika siguió hasta entrar al fin en la gran mansión.
- Ya he dejado las maletas en el dormitorio
- Gracias, Alberto. Si quieres en estos días que me hospedaré en este lugar puede tomárselo como vacaciones. Seguro que su familia tiene gana de verlo - Dijo con una sonrisa
- Muchas gracias, señorita. Que disfrute aquí
Ambos se despidieron.
Érika observó aquel lugar, todo lleno de grandes asientos tapizados de color verde a juego con los bordes de las cortinas de tono beige que arrastraban todas las grandes ventanas que rodeaban aquel lugar.
- Bienvenida señorita Tabone - Le saludó una de las sirvientas
Era una chica joven, quizás de su misma edad, no más de veinticinco años. Alta, pero algo más baja que ella; su cabello color azabache resaltaba su piel pálida y mostraba unos bonitos ojos verdes. Pero nada de aquello era lo que a Érika Tabone le había llamado su atención, para nada, lo que realmente había captado su interés eran unas considerables marcas en su brazo derecho. Iba a hacer la pregunta cuando se vio interrumpida por aquella chica.
- Su habitación está en la segunda planta a la derecha, justo la habitación de esquina
- Gracias por la información, creo que iré a descansar un rato.
- Recuerde que la cena es a las diez
- Estaré puntual
Subió las anchas escaleras hasta llegar a la habitación designada. Allí se recostó sobre la cama un rato.
Abrió los ojos lentamente y miró la hora en el reloj de la mesilla hallada a su izquierda, las nueve y diez marcaba. Abrió su maleta y observó la ropa que había en él. Tras unos minutos se decantó por un bonito vestido de color coral adornado con un bonito collar de perlas y su particular lazo en el cabello. Una vez vestida volvió a mirar a su reloj, algo temprano aún. Espero unos minutos sentada, pero viendo que su aburrimiento aumentaba, decidió aparecer en escena.
Bajó las escaleras hasta llegar al salón principal. Pensó que aún no se encontraría a nadie allí, pero falló. Un par de personas se hallaban en aquel salón. Todo era silencioso, tan solo se escuchaban a los camareros ofrecer champan.
- ¿Algo de champan?
- No gracias
Poco tiempo después llegaron más personas y luego llegó Arthur.
- Estas preciosa
- Muchas gracias, usted tampoco está mal
- Estando en mi habitación me he preguntado que ha sido del gran detective de su tío.
Ella agachó la cabeza y en susurro le contestó "Falleció hace unas semanas atrás"
- Lo siento, yo no sabía...
Antes de acabar la frase se vio interrumpida por unos de los dueños de la mansión.
- Bienvenidos a mi inmensa casa, os agradezco el haber venido hasta aquí. Espero que disfrutéis. Ha petición de mi hermano podemos empezar a cenar, él no se encuentra bien así que se quedara reposando en su dormitorio y al igual que yo espera que disfrutéis de su estancia aquí.
Después de esas palabras todos empezaron a susurrar entre ellos, Érika miró a Arthur. Él le hizo un gesto para que se sentaran en la mesa. En la sala contaba un total de diez invitado, no era mucho para los que ella esperaba. Todos empezaron la cena. Érika observaba a su compañero de mesa intentando no reír.
- ¡Arthur dejá de ponerle caras a la comida! - Dijo intentando no echarse a reír.
- No es de mi agrado - Respondió esté
Inesperadamente la sala se quedó en silencio un grito había irrumpido en la sala.
Todos se levantaron de la mesa y corrieron hasta la habitación del señor Alfred. Érika al verlo ahogo un chillido hacia sus adentros.
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